Primer plano de Martí Batalla tocando la guitarra y armónica en el metro de Barcelona.

Primer plano de Martí Batalla tocando la guitarra y armónica en el metro de Barcelona.

ENTREVISTA EN LA REVISTA “EL TEMPS”

CARNETS DE MÚSICO
Por Alex Millan

Tengo 56 años. Acabo de grabar un disco con guitarra y armónica. Concretamente, hago música clásica. Empecé a estudiar música en serio a los 13 años pero, por circunstancias de la vida, lo he tenido que dejar y retomar muchas veces. He tenido una vida un poquito zascandil, pero al final acabé la carrera de guitarra. Tengo el título de profesor de guitarra por el Conservatorio del Liceo, pero a mí nunca me ha gustado hacer clases.

Siempre que iba por el metro me encontraba un músico que tocaba la guitarra y le pedía que me la dejara unos minutos. Hasta que al final me dijo: ‘Martí, hay unas oposiciones, unas pruebas para tocar en el metro. ¿Por qué no te apuntas? ‘. Yo le dije ‘no me aprobarán, suspenderé’. Y él, ‘¿qué dices? Tú te lo sacarás’ Lo dije en casa, a mi esposa, eso de tocar en el metro… Todo fueron obstáculos, ¿verdad? ‘¿Por qué lo tienes que hacer? Si esto es pedir caridad…’ Pero al día siguiente me levanté y dije ‘¿Sabes qué? ¡Me voy a la asociación de los músicos del metro a hacer la prueba!’ Cogí los bártulos hacia Arco de Triunfo y me fui a hacer el examen. Y al cabo de quince días recibo la noticia de que estaba aceptado.

Esto era en 2016.

Al AMUC nos apuntamos en una parrilla y así todos podemos ir a todas partes en algún momento. Funciona un poco como el mercado del pescado. Yo quería ir el martes día 21 a Verdaguer, a las 15 horas. Y me han dicho que ya está lleno. Pues he tomado otro horario.

La tarea del músico del metro no es pedir caridad. La tarea del músico de metro es enaltecer los espíritus enfermos. Somos los médicos de los espíritus. Los que curamos los espíritus cansados.

Toco en el metro dos o tres días a la semana. Ahora que estoy prejubilado me puedo dedicar de lleno a la música. Ya quería dedicarme a la música de joven pero las salidas que me ofrecieron no me interesaron. El profesor de piano me dijo que la mejor salida para mí sería dar clases a la ONCE. Esto no me interesaba.

Mi abuela tenía una licorería y antes de morir vio que la licorería no se la quedaría nadie. Mi padre me ofreció que la convirtiéramos en una tienda de instrumentos musicales. Durante la mañana yo y otro socio venderíamos instrumentos y por la tarde daría clases. Dije que no. Entonces perdí el interés perla música. Entonces sabía más lo que no quería que lo que quería.

Por fin ahora hago lo que realmente quiero hacer: tocar la guitarra y la armónica. Tengo un disco con piezas de Erik Satie, el Ave María de Schubert, etc., que se llama Sensaciones de Mar.

Estoy ciego debido a la incubadora. Me pusieron más oxígeno de lo normal y me quemaron la retina. Bien. La vida es así. Tiene que haber ciegos, debe haber cojos, imbéciles, diabéticos … En el mundo tiene que haber de todo. A mí me ha tocado ser ciego y ya esta. Punto.

Esto no me ha representado ningún problema para ser un músico del metro. Aquí yo soy uno más. »

Revista EL TIEMPO • 21 de mayo 2019

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